Empezó a ser la voz de los jubilados que son silenciados. Puro amor: Raúl Vicente Monzón ayuda a un monton de personas en Mendoza. Puro amor: Raúl Vicente Monzón ayuda a un monton de personas en Mendoza.

El solidario hombre les da un plato caliente a quienes más lo necesitan. Monzón es de la ciudad mendocina de Guaymallén.

Convertir la sociedad humana en otra cosa, modificarla: intentar que el mundo sea un poquito más justo con los abuelos de la tercera edad. Eso se propuso alguna vez Raúl Vicente Monzón, un jubilado de 76 años de Guaymallen, que revolucionó Mendoza con una hermosa manera de ayudar a los demás.

En diálogo con Crónica,  el hombre, que todos los días recibe decenas de llamados por parte de personas mayores que necesitan una mano para sobrevivir ante una crisis económica que cada vez se profundiza más, explica: "Siempre supe que había que hacer algo por los jubilados, que no tenían que ser invisibles. Por eso, decidí fundar la Federación Provincial de Jubilados y Pensionados Nacionales y Provinciales en mi provincia".

"Comencé a escuchar todos los reclamos que tímidamente empezaron a llegar. Hice hasta lo imposible para solucionar cada uno de los problemas. A partir de ahí se me abrieron muchas puertas. Pasé a ser el abuelo "representante" ante Anses y Pami, todo ad honorem. Y mi nombre se hizo reconocido por la zona", comenta.

Monzón sabe que eso marcó un antes y un después en su vida porque su nombre comenzó a ser sinónimo de lucha. Empezó a ser la voz del jubilado que, muchas veces por falta de recursos, son silenciados. "No percibo dinero ni pretendo absolutamente nada porque tampoco lo hago como una obligación. Pago los viajes por mi cuenta, con mi propio bolsillo. Golpeo todas las puertas donde sé que hay jubilados y les ofrezco mi ayuda. Les presto mi oído, siempre estoy ahí cuando necesitan algo, sin nada a cambio", señala.

"A raíz de esto logré conseguir elementos de prótesis para personas mayores con discapacidad u operaciones que estaban obstruidas por la burocracia. En lo personal, siento una gratificación enorme porque pude salvar una vida porque llegó el estent, porque le pude facilitar a alguien los trámites para que se opere del corazón, porque le pudieron poner una prótesis a un abuelo o porque le dieron sus audífonos", continúa.

"Comencé a escuchar todos los reclamos que tímidamente empezaron a llegar. Hice hasta lo imposible para solucionar cada uno de los problemas. A partir de ahí se me abrieron muchas puertas. Pasé a ser el abuelo "representante" ante Anses y Pami, todo ad honorem. Y mi nombre se hizo reconocido por la zona" nos contó. 

En tanto, aclara: "Yo no hago nada para que me agradezcan. Doy gracias a Dios que puedo hacer algo por el otro. No sería justo andar comentando eso". Para luego profundizar sobre una experiencia sumamente gratificante que le tocó vivir: "Una vez me llamó un señor al que le habían cortado las dos piernas y no tenía sillas de ruedas. Les juro, dejé todo para conseguírsela. Y lo logré. Porque nadie puede estar en una situación así y porque nadie puede poner en riesgo su vida producto de la desidia".

Trabajo en familia

Durante muchos años, recolectó en su casa alimentos no perecederos y abrigos para aquellas personas que no tienen cómo y dónde pasar el invierno. Ahora, de vez en cuando y con sus largos 76 años, acompaña a su hija durante largas caminatas, para darles un plato caliente a quienes más lo necesitan. "Esto lo adopté de mi esposa, Gladys, que ya no está presente, pero que hizo mucho por los que menos tienen", finaliza.

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