Un paseo emotivo y hermoso al que el tiempo se lleva puesto.

Los altos costos para su funcionamiento y las nuevas tecnologías que parecieran atraer más a los chicos son dos de los motivos para que esta clásica salida familiar esté encontrando su final.

Por Gabriel Arias
garias@cronica.com.ar

Cuando una persona transitaba por la edad de la infancia uno de los momentos predilectos era "dar una vuelta en la calesita", pero con el paso de los años, la llegada de la tecnología y los costos del paseo, parece que el divertimento de antaño hoy cayó de manera importante. Es más, casi pasa inadvertida para las nuevas generaciones atrapadas por computadoras y celulares. De todos modos, y más allá de cambios e innovaciones, aquellas vueltas en calesita guardan una ternura muy difícil de explicar.

Hoy, en la ciudad de Buenos Aires existen más de 50 calesitas que buscan darles alegría a los chicos, aunque estos establecimientos, en su enorme mayoría, son "pequeñas empresas familiares" que por convenio deben renovar con la ciudad el uso del espacio público, si es que deciden mantener la calesita abierta y en condiciones aptas para el uso de los chicos.

Los datos aportados por el sector indican que la actividad ha caído entre un 30 y 40 por ciento, si se toma en cuenta la comparación con 2017, es decir que se encendieron las alarmas en los calesiteros, que intentan buscar una explicación a la baja. Algunos dicen que se debe a la situación económica por la que atraviesa el país; otros, que los chicos están cada vez menos interesados debido a la llegada de los artefactos electrónicos que pueden tener a sus alcance, o bien porque podría pertenecer a un divertimento del "pasado".

A la hora de saber cuáles son los precios por "agarrar la sortija" y pasar un lindo momento con padres, hermanos y abuelos, los mismos arrancan desde los 15 pesos según la ubicación de la calesita y los divertimentos que posea, ya que algunas de ellas también poseen juegos mecánicos, castillos inflables y hasta la presencia de presentadores que animan el rato para chicos y grandes.

El secretario general de la Asociación Argentina de Calesiteros y Afines (AACA), Carlos Pometti, manifestó que "el momento de crisis que está viviendo el país también nos llegó a nosotros. Si bien tenemos que aumentar el valor del boleto, la realidad es que no podemos hacerlo mucho porque la gente no lo tiene tanto. Es entendible que en momentos donde hay poco dinero, las personas dispongan del dinero en cosas de mayor importancia".

Lo cierto es que además de afrontar precios que "no les cierran" para mantener sus negocios, los calesiteros se enfrentan a los cánones que deben abonar a la ciudad, y que cada vez les complica más la situación, también hay que agregar los costos de electricidad que son altos para este sector y que significa otro tope que sufren los dueños de las calesitas, cuya tradición parece ir desapareciendo con el paso del tiempo.

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